Seguramente no haya nadie en Ibiza que no reconozca esta estatuilla, símbolo de una deidad pagana que ha arraigado en la isla y ha aguantado el paso del tiempo mejor que ninguna otra creencia pero sobretodo, símbolo de una historia anterior. En efecto se trata de Astarté (Tanit para los cartagineses, Inanna por los sumerios, Ishtar por los acadios y Astaroth por los israelitas), la representacion de la deidad fenicia de la que mas tarde en Roma se llamaría Venus.
Los fenicios han servido recientemente (1992) de gran motivo de promoción de nuestras Pitiusas. Primero fue la exposición universal sobre el mundo de los fenicios en Venecia (I Fenici). Acto seguido, la isla prestó algunas estatuillas estrella en la Exposición Universal de Sevilla.
Apenas tres años después, el equipo de biólogos de Cory Ramón, de la Universidad de las Islas Baleares, daba a conocer sus descubrimientos revolucionarios sobre el ADN de una muestra de sangre de 400 ibicencos analizados, elegidos a partir de la decena de apellidos tradicionales. El ADN de los ibicencos no tiene casi nada que ver con los mallorquines ni, muchísimo menos, con los catalanes.
Una conclusión demoledora que dejó boquiabiertos a los que se empeñaban en demostrar una ascendencia catalana de la isla. Los ibicencos conservan poco rastro de unos hasta hoy proclamados orígenes catalanes. La realidad es bien distinta, nuestra historia es muy diferente y, si se llega a culminar este estudio biológico comparativo, lo más probable es que se confirmen nuestros antiguos orígenes fenicios, púnicos y beréberes. Observo con gran regocijo cómo el mundo de los fenicios está recuperando (desde 1992 hasta hoy) una imagen cálida y que llama a la empatía. El mundo de los fenicios, denigrado por los griegos primero y por romanos después (Ampurias, en Gerona representaba la antítesis de Ibosim) comenzaba a salir de la oscuridad histórica y arqueológica. Los conquistadores no sólo destruyeron y quemaron sus ciudades. También robaron sus conocimientos, su cultura, sus dioses y se los atribuyeron para sí. Incluso nombres como Schulten, el descubridor de Tartessos y gran conocedor de Ibiza, no tenía en gran concepto al arte y la cultura de los fenopúnicos.
Da igual, desde 1992, los fenicios han iniciado el despegue. Salen en todas las revistas, en distintos reportajes, en modas de ropa, en intentos gastronómicos, en las páginas de las inmobiliarias, en toponimia. Eso sumado a los estudios biológicos de la UIB: existen fenicios y están en Ibiza, isla rarísima, en nada parecida a Cataluña ni a Mallorca. Una isla única, donde, sin embargo únicamente se centran algunos en borrar todas las huellas del paisaje, los monumentos, la cultura. Los fenicios viven, si se lo permiten, volverán a surcar los mares simplemente, porque así, muchos años atrás encontramos nuestra casa.






